El domingo 29 de abril nos recibió con las puertas abiertas la Sala de Arte Los Lavaderos. Allí, un grupo de animados madrugadores se unió para escuchar cuentos... pero no sólo eso.
El siempre genial Kiko Castro nos llevó a través de la historia de la narración oral: desde cuándo, por qué, para qué... Todo eso salpicado con mágicas historias.
Comenzó por contarnos la maravillosa historia de los sentimientos jugando al escondite. Así, sin anestesia, nos enteramos de por qué el amor es ciego. ¿Qué te parece?
También quiso compartir con nosotros sus motivaciones, su pequeña-gran historia alrededor de 'las contadas'. Este docente, actor y cuentero nos puso en situación.
"Cuando empecé, los amigos me preguntaban: ¿qué vas a contar, Caperucita?".
Para enfrentarse a ese prejuicio decidió incluir en su repertorio cuentos 'duros' de los que nos dejó alguna muestra. Las caras de algunos fueron un poema con la historia de la niña a la que le faltaba un ojo...
También nos hizo reír con Epaminondas, llorar con el maravilloso cuento de la profesora y el alumno. Un momento que marcó al grupo fue aquel en el que compartió con nosotros el origen del Ratoncito Pérez. ¿Te lo puedes creer? Nosotros ahora sí.
La evolución del mundo del cuento hasta el momento actual en el que existe incluso la 'cuentoterapia', marcó el final de la contada. Se nos hizo corto.
Tuvimos la suerte de contar, además, con la presencia de Marina Cabrera, alma de la sala, que -sin estar en el guión- quiso contarnos algunas anécdotas de aquel espacio, tanto en su época de lavaderos como desde que se convirtió en sala de arte. Impagable.

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